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CANTO SILENTE

octubre 12, 2012

Cantar el Himno… ¿en silencio?

 

Por Abdiel Bermúdez Bdez

El tiempo es un manojo de huellas ardientes, que levantan chispas a su paso. Algunas huellas queman más que otras; y las hay a veces tan humeantes y rojizas que uno no puede quitarles la vista, como si las necesitara, cuando lo que ocurre en realidad es que los ojos comienzan a arder porque el tiempo duele y a la vez se extraña.

Se extraña tanto como la primera vez en aquella escuela, dibujada en filas de azul, rojo y blanco; filas rectas, rectísimas, de cientos de pupilas mirando al Martí recién ungido con cal y a la bandera que se levanta al compás de un canto de guerra nacido de entre la multitud pionera.

El tiempo no ha borrado esa huella. No puede. Aunque hoy tal vez la clase de Educación Musical no utilice los mismos medios de enseñanza, parece improbable encontrar a un solo niño cubano que no conozca letra y música del Himno de Bayamo, que es también el Himno Nacional.

Hay un sano orgullo en este dato, que atiza la formación temprana de un sentimiento de respeto hacia los símbolos patrios, desde que cada pequeño aprende a cantar la marcha que nos identifica en cualquier parte del mundo, y que se esparce aquí “dentro” en actos, fechas conmemorativas y actividades de diversa índole, en los que está establecido que el Himno de Bayamo encabece cualquier alocución, por breve o pálida que esta sea.

Ah, pero el tiempo es implacable, y las huellas son eso: huellas, marcas, pistas de cuanto vivimos los cubanos… Hace mucho resulta común notar la “humana ausencia” del Himno en varios de estos sitios, por culpa de un silencio que parece agarrado por los pelos, encadenado a la garganta, apretado entre los dientes para que no escape una nota. Ni una sola.

Los labios y los rostros no engañan. Una simulación es, muchas veces, la respuesta, como si cantar el Himno fuese obligación ciudadana y no, primero que todo, deber de cubanía. Igual pasa con quienes ni se inmutan cuando suenan las primeras notas, y se justifican alegando a quemarropa que no saben cantar, como si el nuestro fuera un Himno privativo del bell canto y las escuelas de música.

Tristemente también ha menguado la constitucional costumbre de inaugurar actos, reuniones, asambleas y mítines con esta arenga de lucha, unas veces, quizás, para ahorrar tiempo, y otras, sin causa definida. Mas, cuando ello sucede –por pura casualidad o porque la prominencia del hecho no admite silencio alguno– son los operadores de sonido quienes hacen un flaco favor al “suavizarles” el esfuerzo a los presentes mediante un CD que “canta” por todos, porque ya es habitual llevar el Himno grabado a todas partes, como si no sobrasen las maneras de alimentar la pereza y la apatía.

Hoy se entonan apenas dos de las seis estrofas que escribió Perucho a caballo el día en que la Ciudad Antorcha quedó reducida a cenizas, y todavía hay quienes oyen la música a lo lejos y se ocupan forzosamente en alguna tarea “imprevista”, se esconden en las tiendas o doblan en la esquina. No son todos, no. Pero bastan unos pocos para que a la vergüenza le nazcan alas.

A estas alturas no sorprendería demasiado que un día de estos, en medio del gentío, mientras tararea una letra durante tantos años esquiva, alguien se hallara perdido, porque lo que no resulta cotidiano cae por fuerza en el saco del olvido.

Por suerte, y de corazón, todavía hay quienes acunan ese sentido de pertenencia y orgullo nacional que asalta en los primeros años de vida. Se niegan a cantar el Himno en voz baja o en silencio; y por qué no, quisieran hacerlo en un gran coro, sin tener que avergonzarse al descubrir otros himnos, mucho más largos que el nuestro, cantados siempre con el mismo ímpetu y el mismo gozo hasta que se terminan.

 

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From → Cuba

2 comentarios
  1. vladimir permalink

    despues de leer esta página tan interesante quisiera ayudar en algo después de varios viajes que he realizadoa cuba. cuba es impresisonanate. su historia, su gente y su cultura. besos, suerte y amor

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  1. Respeto a nuestros símbolos: ir a las esencias | Espacio libre

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