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noviembre 28, 2012

A veces innovamos para otros pero no sabemos ser inventores de nuestra propia alegría. Este cubano hace todo lo contrario…

Poesía de Isla

Innovador, deportista, percusionista, amigo… La historia de Abel González Marrero muestra cómo el hombre puede sobreponerse a los obstáculos y ser útil a los demás

Por Liudmila Peña Herrera

Hay quien no cree en auras o buenas energías. A veces, también yo dudo. Es difícil creer en lo que no se ve; pero quien se le acerca y le ve sonreír, con ese rostro de eterna niñez, como si no le rondaran problemas, se convence de que la felicidad existe: solo hay que dejarle contar su historia de vida.

Nació en un pueblecillo granmense, tan remoto que ni el nombre recuerda, allá por el año 1963, cuando todavía algunos contaban las tragedias del ciclón Flora.

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