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El día de la despedida universitaria

julio 13, 2013

Por Abdiel Bermúdez Bdez

 

Yaritza Cabrera lo recordó por mí, y le agradezco la inspiración…

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Hace justamente 6 años subí a las tablas del Heredia, para despedirme de la Universidad de Oriente con un título que me aseguró profesión y ganas de comerme el mundo, aun con una famélica nómina salarial, que en aquellos días era lo de menos.

Me tocó hablar en nombre de todos los graduados de todas las carreras de todas las facultades de la Universidad en ese 2007. Y fue un divertimento estar allí, mirando de frente a mis camaradas de un lustro en los asientos verdecitos del principal teatro santiaguero.

Lo que escribo hoy no es vanagloria, ni tufo a ello. Aquello fue, en esencia, una memoria particular que jamás podrá borrárseme. Y por eso lo cuento.

Nadie me había susurrado, dictado o tecleado el discurso. Lo escribí el día antes, en menos de una hora, cosa extraña en mí, que me demoro tanto entre texto y texto. Ahora mismo no recuerdo bien si se lo leí a mi Liu, puede que sí y que le preguntara si estaba duro y ella diría que no… Pero sí lo leyeron mis dos socios de cuarto de la última noche en aquella ciudad que ya era nuestra: los granmenses Dilbert y Rafael. Ambos lo aprobaron de inmediato.

El ruido que hacían miles de bocas era inmisericorde. ¡Quién iba a callar aquella jauría de muchachos relocos de felicidad! Mi mamá llegó desde Levisa en un carro salvador, y mi Liu vestía de negro, para enamorarme. Fue entonces cuando vino lo que me temía: minutos antes de empezar el acto, “alguien” quiso revisar el discurso, “para ver qué iba a decir”. Y accedí, claro, aunque me había jurado a mí mismo que no lo cambiarían.

Línea a línea se transformaba la cara  del censor en un poema sin rima… Yo serio, plantado en firme. Hasta que terminó asintiendo. A esa hora, cambiar (endulzar, atenuar, pulir…) aquello era más complicado que entrar al comedor del ISPJAM los martes del pollo.

Por si las moscas, previsor, había guardado una copia en un bolsillo, para sacarlo en caso de censura parcial o total, me daba igual. Por suerte, no hizo falta. Cuando dijeron mi nombre, tomé el texto y subí, con la certeza de que no había marcha atrás.

Y leí, alto y claro, para mis compañeros, el discurso que imaginé para nosotros, los graduados del 2007, sin mencionar logros numéricos ni sueños postergables. Omitiendo todo lo que sonara a arenga o consigna. Sin  hablar de nada que no fueran nuestras anécdotas y sufrimientos, epopeyas gloriosas en aulas y comedores y más allá de estos inclusive; de nuestras alternativas fabulosas cuando intentaron separarnos del sexo opuesto en tiempos de virginidades obligatorias; de amoríos y peleas underground; de todo lo que recordé de nuestra vida universitaria y que fui acomodando en 150 líneas, a Arial 12,  sin espacios de por medio.

Fue el momento en que me sentí parte plena de cada uno de los muchachos que me rodeaban. De todos, sin distinción, desde los “más mejores” hasta los más hijosdesumadre. Un instante feliz, de apenas 5 o 6 minutos, que mis compañeros y amigos, reconocidos en cada palabra, aplaudieron con ganas y hurras, todos de pie. Y justo frente a mí, a 15 metros, la rectora chocaba sus manos lentamente, muy lentamente.

Al bajar del escenario, Carlos Sanabia, el corresponsal de Radio Rebelde en la Ciudad Héroe, me tomó por un brazo y me llevó tras una puerta del teatro para entrevistarme. No dije mucho aquella vez, creo: ya había hablado demasiado. Después supe que mi mamá había saltado, toda nervios, al verme desaparecer: “¡Ahora sí se lo llevaron!”

Pero no. Salí ileso. Quienes me llevaron fueron los muchachos, desconocidos muchos, para pedirme el discurso que regalé a alguno y que después no les envié a todos, porque era difícil; y profesores y decanas, que me abrazaron de un modo salvador.

Vinieron fotos del grupo y sus diplomas, de gente inolvidable a seis años de distancia. Y abrazos de despedida.

Pero esta mañana, cuando leí el post de Yaritza, todo volvió de pronto, y me vi otra vez, más delgado y menos miope, subido en las tablas del Heredia, hablando de lo atrevidamente jóvenes que habíamos sido durante el mejor lustro de nuestras vidas, y que seguíamos siendo el día en que la Universidad de Oriente se despidió de nosotros.

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9 comentarios
  1. me hiciste recordar mi último año de 12mo grado… yo estaba en un IPVCE que ese año desaparecía como institución en mi provincia siendo el centro que más alumnos ingresaba a la educación superior en años en al no era tan fácil como lo es ahora por diversidad de motivos… una compañera de mi grupo leyó una despedida en extremo irreverente que todos hicieron muy suya… lo mismo debe haberles pasado a tus camaradas… saludos desde el café…

    • Un abrazo para ti, Camarero, por ese recuerdo que por alguna extraña razón no se te pierde… Has pensado en eso? Gracias por acercarte a esta Misión…

      • razones son muchas, como para un post… te hice el comentario porque si yo no lo he olvidado seguro los que te escucharon a ti tampoco lo han hecho… un abrazo…

  2. Lindo!!!! Ni te imaginas cuántos recuerdos trajiste de vuelta para mí!!!! También yo me vi de vuelta al teatro Heredia, a nuestros días en la Casa Azul, en la Siberia… Un besito

  3. Abdiel permalink

    Te entiendo, mi hermano. Hay cosas, hay gentes, que no se olvidan, que nunca pasan… Gracias, Camarero. Y a ti también, Yai. Ese momento fue especial.

  4. Vaya, que yo no me gradué ese día como ustedes, pero de cierta forma empecé a graduarme también ese día, o antes, no sé muy bien. Fue lindo, porque aunque me despedía de muchos de ustedes, algunos se quedaron conmigo para siempre: una Zuci especial y dulce, una Yaíma madura y también muy especial también, siempre al tanto de todo lo bueno y lo malo, el cerebro de Michel, que después fue mi profe, el Dilbert sencillo y genial. Unos cuantos, pero estos son a los que más quiero yo. Y te entiendo mucho cuando leo estas líneas: yo también extraño mucho a mi grupete. Y a ti, por supuesto. Y aquellos días.

  5. Ay, no tengo perdón. A ver: rectifico. Hay una chiquilla que es la que he tenido más cerca en estos tiempos a la que tambień quiero mucho, eh? Se llama Lily y sé que nose pondrá bravita. Claro que no. Ella sabe que es verdad todo lo que digo, jajajaja. Un besote.

  6. JJ Romero permalink

    Ab, por qué no organizar un tour de todos los compadres y comadres de aquella época por ese recinto universitario que nos acogió?? Algo así como un evento de graduados…

    • Me parece, genial, Giusseppe. Ahora solo hace falta crear el Comité Organizador… Tal vez Yesey pudiera ayudarnos. Y Nara. Para completar.

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