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Pepito Puñalá está de cumpleaños

octubre 21, 2013

Mi abuelo Pepe cumplió no-sé-cuántos años este 19 de octubre. No es que sean muchos: es que en verdad no me acuerdo. Más de 70 sí son, aunque él se piense de 15, o de veintipico. Y alguien lo imaginará viejo chocho y verde por lo que digo, pero ya quisieran tener muchos jóvenes la vitalidad de mi abuelo, que me legó tez oscura, bemba floreciente, lunar a la derecha y miopía intranquila. Eso sí, dinero no, aunque tampoco puedo decir que mi abuelo me haya escondido la billetera, sino todo lo contrario.

Cuando Mi abuelo pepehe tenido el bolsillo con hambre ha sido siempre la primera persona que busco para reponerme. Me siento en sus piernas, le meto un abrazo y le digo que, haciendo un inventario de la herencia genética antes mencionada, tal vez puede darme un adelanto del money que me toca cuando se despida de este mundo, algo para lo que aún falta muchísimo.  Y él se ríe con ese vozarrón enorme que tiene, con su voz de locutor, que no descubrió ninguna emisora de radio porque lo suyo era el timón.

Mayarí-Santiago de Cuba-Holguín-La Habana. No hay vía que mi abuelo Pepe no conozca de memoria en esos tramos. Siempre admiré sus camisas blanquísimas y las listas amarillas en sus charreteras azules, símbolo de tantos lustros sin accidentes. No olvidaré el día en que nos dijeron que dos guaguas habían chocado y ambos choferes habían partido. No supimos hasta horas después que un fallo mecánico había demorado a mi abuelo, quien llegó tarde –por suerte– al lugar siniestro. Jamás vi tantas lágrimas de alegría como cuando mi abuelo se apareció en casa. Y nadie se turnaba para abrazarlo. Todos juntos le caímos encima. No en balde mi abuelo ha sido siempre el jefe de la familia; y para mí, la persona más sensata y cuerda de todas. Tanto así que cuando mi mamá quedó embarazada en sus 18, fue él, su suegro, el que dijo que la barriga iba, eso no tenía discusión, ella y mi papá terminarían de estudiar y él los apoyaría. Por él aquí estoy yo, contando la historia, que muy probablemente me hubiera perdido sin su intervención certera, y hoy no podría hablar de su cumpleaños, de su espíritu fiestero, de lo buen bailador que es, de su amor de padre a toda prueba, de la vez aquella en que tuvo que echarle una bronca a mi papá adolescente, casi por mandato de mi abuela, y cuando esta se dio cuenta, los dos estaban abrazados llorando.

A mi abuelo le dicen Pepito, Pepito Bermúdez, y mucha gente le agrega Puñalá, sobre todo en su natal Mayarí, sin que él mereciera el calificativo más allá de una leyenda urbana en la que la sangre nunca llegó al río. Se fue un par de veces a Estados Unidos, a ver a su mamá, a mi Cristiní, y al resto de la familia, pero siempre volvió tan rápido como le fue posible, porque para él, sus hijos y sus nietos no pueden estar lejos de su vista.

La primera vez que hablé con mi abu por teléfono, estando en Haití, le solté: ¡¡¡El Pichiiiiii!!! Y allá lo sentí bebiéndose las lágrimas. Será porque me extraña, ¿verdad? Me ve en casi todos los noticieros, no me pierde ni pie ni pisada, y estoy seguro que cuando regrese será de los primeros en hacerme notar esa felicidad infinita que no se le escapa nunca de la cara.

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From → Cuba, Familia, Holguineros

2 comentarios
  1. Isa permalink

    Qué bella crónica Abdiel, un abrazo a tu abuelo Pepe, porque te ha formado con grandes valores. Fue lindo conocerte en Viñales junto a tu novia. Un abrazo a los dos desde el oasisdeisa.
    Ya hice un link de tu blog en mi bitácora.

  2. jose maria heredia perez permalink

    ya no somos tan vecinos,pero nos seguimos estimando igual,un abrazo para ti y tu familia,que sigas cosechando premios para felicidad de los holguineros.

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