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Fumar es… ¿un placer?

julio 17, 2014

Querría matarme Sarita Montiel por cuestionarle el tema que tanta gloria le dio, pero a mí el cigarro me ha dado solo broncas, escarnios, malos ratos y falta de oxígeno. Nunca placer.

Tampoco entendí –ni entiendo– que la caja de cigarro traiga el dichoso cartelito: FUMAR DAÑA LA SALUD, como si se tratara de una advertencia pueril, porque es como si vendieran veneno y se hiciera una fila al instante para comprarlo.

A estas alturas cualquiera me diría que no soy Dios para juzgar a los demás, y respondería que no, que solo soy periodista. Y para no padecer el síndrome del catalejo, comenzaré hablando de mí mismo.

Tengo 31 años y una de las pocas cosas que sé con absoluta certeza sobre mi futuro, es que no seré nunca un fumador. Jamás he probado un cigarrillo con tal de integrarme a un grupo, ni para estar a la moda, ni por curiosidad, ni por haberlo visto en una película, de esas en las que el acto de fumar se ha concebido como hecho dramático irremplazable, porque ¡mira que en las películas se fuma!

Recuerdo que mi padrastro se esmeraba en fumar a cada rato, y yo, niño al fin, iba con las tijeras, a escondidas, para cortarle la punta roja del cigarro, aunque se molestara. La verdad es que en mi madura mente infantil, yo le estaba haciendo un favor, porque él después se llevaba ese molesto olor a todas partes, tal como le pasaba a mi tía, mi abuelo, mi papá y a los amigos de mi papá, a quienes olía en la distancia. Y cuando fumaban cerca de mí, me tapaba la nariz, o aguantaba la respiración, porque mi papá decía que los hombres tienen que aguantarlo todo, aunque no nos guste, que para eso somos hombres, ¿no?

Un día comencé a conocer los perjuicios del cigarro a la salud humana, y acabé aborreciéndolo aún más. Un cigarro posee amoníaco, arsénico, butano, cianuro, metano, monóxido de carbono, alquitrán, benzeno, formaldehído, radón y nicotina. Casi nada, apenas un compendio de muchas de las sustancias más venenosas que existen en el mundo.

Después viene el cáncer de pulmón, de faringe, o de lengua. Y las enfermedades respiratorias y circulatorias crónicas. Y un largo etcétera que no se cura si el humo continúa libre.

Las estadísticas, frías, pero calculadoras, aseveran que la mayoría de los fumadores se inició en este vicio entre los 16 y los 20 años de edad; algunos incluso antes. Y eso preocupa, porque los he visto en uniforme de secundaria básica fumando temprano para demostrar que “ya soy un hombrecito, porque me están saliendo los pelitos debajo de los brazos, se me hinchan las tetillas, hablo más gordo, tengo novia y hasta sé fumar”.

Pero la primera vez tosen muchísimo, casi se ahogan, porque no saben si tragarse la primera bocanada de humo, o soltarlo sin gracia. Hacerlo mal podría condenarlos a la burla del grupo, y eso sería un ultraje.

Hoy más de mil 400 millones de personas fuman en el mundo, lo que convierte al tabaquismo en una pandemia. Lo peor es que no solo mata a los que fuman, sino a los que no lo hacen, e incluso, a los que no viven aún junto a nosotros, pues los científicos aseveran que los bebés de madres fumadoras nacen más pequeños y son más propensos a padecer desarrollo cerebral deficiente, o muerte súbita, y a sufrir defectos como el labio leporino.

Cuando crecen, en plena adolescencia, son más sensibles a los efectos adictivos de la nicotina, por lo que podrían convertirse en nuevos fumadores, de esos que andan hoy en las guaguas, cines y espacios públicos con su olor a cuestas.

He preguntado por qué fuman y casi siempre recibo las mismas respuestas: “porque me relaja”, “porque me distrae”, “porque me da seguridad”. Y lo de la relajación y la distracción pasa, sí, pero… ¿seguridad? Seguridad en el cáncer “de bolsillo” que padece todo fumador, y en lo que puede sobrevenir un día si al vicio no se le pone fin.

Mi vecino Manolo tiene razón: de algo hay que morirse en este mundo. Pero yo particularmente quisiera que me tocara siendo un viejo, duro y sin camas de más, pero sobre todo sin el sufrimiento que puede implicar para mí y para mi familia padecer una enfermedad incurable, solo porque acepté vivir echando humo por la boca.

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One Comment
  1. Camilo Santiesteban Torres permalink

    Los fumadores dicen – el que fua pierde y el que no, se lo pierde -. Jodido eso. Para colmo la fumadera te tumba el caballo y reduce tu rendimiento sexual, además tienes que estar atras de las menticas. Nada chama somos unos duros y con rendimiento, ja – pa que nos conozcan – Abrazos para los dos. Kmilo

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