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“EL MIEDO ES NUESTRO ALIADO”

noviembre 7, 2014
Fotos: Cortesía del entrevistado

Fotos: Cortesía del entrevistado

Tiene 38 años y hasta hace poco más de un mes, se desempeñaba como jefe de departamento del Centro Provincial de Promoción y Educación para la Salud; pero hoy el doctor Jorge Luis Quiñones es el único holguinero entre los 165 cubanos que enfrentan el ébola en Sierra Leona.
Por Abdiel Bermúdez Bdez
“Hermano, estoy en el primer grupo que parte para Sierra Leona. Un poco nervioso, pero bien… Vamos a mantener el contacto aunque esté lejos”. Del otro lado de la línea supuse a Quiñones en la larga fila de médicos que igualmente llamaban a sus familias y amigos para darles la noticia. Para despedirse.
“Cuídate mucho, eso es lo principal. Yo no dejaré de escribirte”. Intenté sonar alegre, orgulloso, confiado, aunque no sé si me salió como quería. Cuando colgamos, imaginé a mi amigo protegido por una escafandra blanca y rodeado de agónicos quejidos en medio de tanta muerte. Esa imagen me acompañó durante las últimas semanas, hasta que recibí un correo suyo asegurándome que estaba bien y me contaría en pequeños mensajes sus vivencias en África. Yo le pedí que me dejara compartirlas“.

QUIÑONES 1
La preparación fue muy intensa en Cuba, con escenarios en la Unidad Central de Colaboración Médica, el Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí, el Hospital Calixto García y otras instituciones. Nos enseñaron profesionales reconocidos incluso a nivel internacional. Se nos dio la tarea de partir hacia Sierra Leona para enfrentar el ébola, enfermedad desconocida para nosotros y muy peligrosa.
“Tuvimos una bonita despedida, con mensajes de mucha confianza. Pero el colofón fue el estrechón de manos con un ‘hasta pronto’ que nos brindó en la escalerilla del avión nuestro General Presidente Raúl Castro. Muchos se pusieron nerviosos; otros, alegres. Yo recordé a Fidel el día que nos despidió cuando partí hacia Pakistán en 2005”.
¿Cómo fue el viaje?
Volamos en un Il-96 de Cubana de Aviación. Fueron casi nueve horas, sin escalas. Cargábamos en la cabina todo nuestro equipaje, pues a nuestra llegada no permitirían abrir las bodegas del avión, ante el riesgo de infección de la aeronave. Durante el vuelo, unos dormían o intercambiaban con colegas, y otros leíamos documentos que nos habían entregado en La Habana; pero se podía percibir la preocupación por lo que íbamos a enfrentar. Ya no estaríamos en una sala de conferencias. A partir de ese momento, todo sería de verdad, sin profes ni modelos, con nosotros como protagonistas de una novela que recién iniciaba, y a la cual se le estaba dando la importancia que merecía.
¿Qué sentiste al llegar? ¿Preocupación, miedo…?
Miedo no sé. Creo que una mezcla de alegría y tristeza invadía mi mente, porque dejé muchos afectos en Cuba. Pero me sentía preparado para enfrentar la tarea. Autoridades del Ministerio de Salud de acá, de la Brigada Médica Cubana y el embajador de Cuba en Ghana, que a su vez atiende a Sierra Leona, nos esperaban en el salón del aeropuerto.
Luego nos ubicaron en cuatro hoteles. A mí me correspondió el ‘Marian’, junto a otros 79 compañeros, en Freetown, la capital. La travesía fue de más o menos cuatro horas, por una carretera muy buena. Dos cosas me llamaron la atención: la vegetación, muy similar a la de Cuba, y la alegría con que nos saludaban los pobladores en cada asentamiento por el que pasábamos, como si hubiese llegado alguien importante.
Descansamos esa noche y al día siguiente nos organizaron en grupos para iniciar una nueva preparación con especialistas locales y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), insistiendo en temas propios de la enfermedad, el autocuidado, el uso del equipo de protección personal (priorizando el vestido y desvestido), así como el idioma inglés y algo de creole, que es el dialecto más hablado por la población común de este país.
¿La escafandra se maneja fácilmente?
La escafandra es nuestro equipo de protección personal durante el trabajo en las salas de aislamiento del ébola. Lo que más molesta es la sudoración que provoca, hasta que nuestros cuerpos se adaptan y el malestar disminuye. Está formada por diferentes elementos: un overol impermeable con gorro, botas, dos o tres pares de guantes (según el modelo), gafas o pantallas protectoras, respiradores especiales que cubren nariz y boca, y el delantal. Cada vez que retiras uno de los aditamentos, estás obligado a lavarte las manos. Hay un movimiento que denominamos ‘la danza de la vida’, para zafarnos el overol de los hombros sin tener que tocarlo. Cada paso es inviolable. Lo importante es no dejar desprotegido ni un milímetro de nuestro cuerpo para evitar contacto con el virus. Por último, nos duchamos con suficiente agua caliente y nos colocamos piyamas limpios para esperar el próximo turno de trabajo.
Estás muy cerca del ébola. ¿Es una enfermedad controlable?
Es una enfermedad muy agresiva y contagiosa. Son los fluidos del cuerpo humano portador (sangre, saliva, sudor, lágrimas, vómito, heces, semen…), los que contienen el virus. Según las estadísticas oficiales, cerca de un 50% de las personas infectadas ha sobrevivido, aunque sabemos que muchos mueren sin acudir al médico. Es en la comunidad y no en los hospitales donde se podría cortar la cadena, actuando sobre los contactos del enfermo; no obstante, en este momento, la atención, según el protocolo, se centra en los enfermos que acuden al hospital.
¿Cuán complejo ha sido el contacto con los enfermos?
Aún no tenemos ubicaciones definitivas, porque la OMS debe certificar cada uno de los lugares donde nos desempeñaremos. Pero sí hemos estado en las salas de hospitalización, donde viví las primeras impresiones tristes de verdad, al ver a una madre y sus tres hijos a punto de morir, sin nada que pudiera hacer para impedirlo. Y vi a una niña de unos tres años, llorando, sola, pues sus padres y hermanos habían fallecido.
¿La cultura popular es una barrera en la lucha contra el ébola?
Sí. Hay quienes ven la enfermedad como algo pasajero, que no es mortal. Sin embargo, han disminuido los ritos funerarios donde lavan el cuerpo del fallecido y comparten su sudor para apoderarse –según ellos– de las cosas buenas, ideas y conocimientos del difunto. Eso lo hemos visto en un cementerio cercano al lugar donde vivimos. Las playas se han cerrado para evitar grandes aglomeraciones de personas. Existe una gran campaña de promoción de salud en los medios, con canales de televisión dedicados exclusivamente a informar sobre el ébola, y se han instalado vallas en todas las avenidas y calles con mensajes para prevenir el contagio.
Es una misión difícil…
Es una misión médica sin precedentes. Mucha gente cuenta con nosotros y hay un alto riesgo. Serán seis meses duros, pero no irresistibles. Tenemos que protegernos y proteger al compañero que está atendiendo un caso. El miedo es nuestro aliado, porque nos acompaña siempre: si dejamos de sentirlo, aparece la confianza, y con ella, el riesgo de infectarnos se incrementa, así que es mejor sentir mucho miedo y culminar nuestra tarea vivos”.

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3 comentarios
  1. Adalberto permalink

    Dios bendiga e ilumine sus caminos…La pátria los contempla orgullosa!!!

  2. Marlem Moreno Mteo permalink

    Los médicos cubanos en el mundo son un ejemplo de humanismo y entrega, el dejar atrás a sus seres queridos para salvar vidas no tiene precio, ahora se suma una historia de extrema valentía en los médicos que partieron a una lucha contra el èbola , para ellos la gratitud del mundo por evitar que esa enfermedad siga cobrando vidas y especialmente una oración a Dios para que los proteja y regresen a nuestra patria con la victoria del deber cumplido.

  3. Susana Rodríguez permalink

    Muy bueno, esto nos acerca a esa misión sin precedentes que somos capaces de llevar a cabo los cubanos. Felicidades!!!!!!!

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